Conocí a alguien, me enamoré, lo amé con locura, lo perdí, lloré, lo superé... Ya no creo en el amor eterno ni en verdades absolutas ni en la felicidad constante. Creo en el amor pasajero, en verdades a medias que son mentiras y en la felicidad de a ratos.
Agradarte no es mi mayor prioridad.
Puedes decirme lo que quieras y preguntarme lo que te venga en gana, pero si dices o preguntas algo que yo considere estúpido, probablemente te contestaré mal.
Soy accesible, pero no fácil.